
Por mucho tiempo, en el medio cristiano se ha tenido una posición algo vaga sobre el arte: desde los tiempos de la Reforma parecemos arrastrar una posición de rechazo, por ejemplo, a la ornamentación de los templos y a las representaciones escultóricas de la figura humana. Esto es comprensible en el marco del rechazo a la idolatría y adoración de imágenes que forma parte del sistema religioso católico, pero un efecto no deseable es el desprecio a las distintas manifestaciones artísticas que no tengan una clara expresión dentro del culto o la predicación. En otras palabras, en el medio cristiano son bien apreciadas, por ejemplo, la música llamada de “alabanza y adoración” (un gran progreso desde los tradicionales coros -sin desmerecer ninguna de estas expresiones-), y la ilustración si es usada como apoyo del tratado evangelístico o la clase dominical; pero otras formas de expresión distintas a esta instrumentalización del arte son consideradas como “territorio peligroso” (en cuanto a que no son tocadas o exploradas).
Entonces nos parece conveniente desarrollar opinión respecto al arte desde una perspectiva cristiana.
Según Francis Schaeffer, un apologeta cristiano con profundo interés en el arte, existen por lo menos once perspectivas distintas desde las que un cristiano puede considerar y emitir juicios de valor sobre el arte, las cuales “no pretenden ser exhaustivas ni agotar los varios aspectos que entraña el arte” (Schaeffer F., “Arte y Biblia”. Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona, 1974).
* nota: desde este punto retomo el tema en este nuevo blog. Publicada originalmente el 23/06/02 - 18:33.
Estas perspectivas sugeridas por Schaeffer son:
1. Una obra de arte tiene valor en sí misma.
Aquí Schaeffer plantea que existen tres posibilidades básicas sobre la naturaleza de una obra de arte:
- El arte por amor al arte.
- El arte es solamente la encarnación de un mensaje.
- La tercera noción básica, que Schaeffer considera es la correcta, es aquella en que el artista crea una obra que muestra su concepto del mundo.
2. Las diferentes formas artísticas dan relieve y fortaleza a la cosmovisión del artista, independientemente de cuál sea esta cosmovisión o de si es correcta o equivocada.
3. En todas las formas de escritura, tanto en poesía como en prosa, se consiguen resultados tremendamente distintos si se da, o no se da, una continuidad con las definiciones normales de las palabras en la sintaxis corriente.
4. El que algo sea una obra de arte no lo hace por ello sagrado.
5. ¿Qué clase de juicio aplicaremos, pues, a una obra de arte? ¿Sobre qué presupuestos emitiremos nuestra opinión?
Schaeffer plantea 4 normas básicas:
- Excelencia técnica.
- Validez.
- Contenido intelectual, la cosmovisión que nos transmite.
- La integración del contenido con el vehículo, es decir: la armonía entre forma y fondo.
6. Las formas artisticas pueden ser usadas por cualquier clase de mensaje, desde la pura fantasía hasta los pormenores históricos.
7. Los estilos, en lo que concierne a las formas, cambian y no hay nada de malo en que así ocurra.
Schaeffer aquí destaca tres ideas:
- El arte cristiano, hoy, debiera ser arte del siglo XX (hoy, arte del siglo XXI). El arte cambia.
- El arte cristiano debe diferir de un país a otro.
- El conjunto de la obra de un artista cristiano debiera reflejar la cosmovisión cristiana.
8. No hay tal cosa como un estilo santo y un estilo impío.
Debemos distinguir cuidadosamente entre estilo y mensaje.
9. La cosmovisión cristiana puede ser dividida en dos partes: el tema mayor y el tema menor.
10. El arte cristiano no tiene necesariamente que ser siempre religioso, es decir: arte que trate de temas religiosos.
11. Cada artista tiene el problema de crear obras individuales de arte y, al mismo tiempo, realizar una obra total, un cuerpo general que represente toda su labor artística.
Espero que podamos ir poco a poco comentando estas perspectivas.